«La Economía de la Conducta no pretende sustituir la teoría económica tradicional, sino que trata de amplificarla»

Javier Otazu Ojer es licenciado en Administración y Dirección de empresas y doctorando en Economía. Ejerce como profesor de varias asignaturas —Econometría, Microeconomía, Macroeconomía, Estadística, Finanzas…— en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Tudela, en Navarra, cargo que compatibiliza el de coordinador de los integrantes de la Sociedad Científica de Economía de la Conducta (SOCEC). Su conocimiento en esta disciplina y su entusiasmo por la divulgación le ha llevado, además, a publicar el libro temático Ideas de Economía de la Conducta.

En tu obra dejas claro que la Economía del Comportamiento no tiene el objetivo de sustituir a la teoría tradicional…

Sí. La Economía de la Conducta no pretende sustituir la teoría económica tradicional, sino que trata de amplificarla porque se queda en la rama más racional del comportamiento. Y es que la evidencia científica estipula que las personas toman el 15% de las decisiones usando la lógica, el 30% de estas se ven influenciadas por el ámbito cultural y el 55% se deben a la biología más profunda. Además, la teoría tradicional dibuja políticas fiscales, comerciales y monetarias, pero olvida (salvo en la pandemia), responsabilizar a los ciudadanos de sus actos. Además, infravaloramos que las personas pueden organizarse entre sí, se ven afectadas por los sesgos cognitivos y viven dentro de un contexto puede ofrecer empujones (nudges) o frenos (sludges) para tomar unas decisiones concretas. Otro ejemplo de amplificación: la Economía estándar refleja que los individuos centran su atención en su presupuesto monetario, pero la Economía de la Conducta matiza esta idea con un presupuesto triple: dinero, tiempo y energía. Muchas personas están dispuestas a tener menos salarios a cambio de tener, por ejemplo, más bienestar laboral o trabajar menos horas.

La teoría tradicional dibuja políticas fiscales, comerciales y monetarias, pero olvida, en cierta medida, responsabilizar a las personas de sus actos, que pueden organizarse entre sí, que se ven afectadas por los sesgos cognitivos y por un contexto puede ofrecer empujones o frenos.

Javier Otazu
También subrayas que es más fácil resolver un problema si se tiene bien definido. ¿Esto se aplica en las organizaciones o existe la tendencia de no darle la suficiente importancia a la fase de research?

Es importante saber hacer las preguntas adecuadas. Si una pregunta está mal enfocada, por muy bien que resuelvas el problema, no te sirve para nada. Una óptica correcta seguido de una buena reflexión puede llevarte a averiguar qué es lo que está fallando. También influyen los prejuicios. Es un trabajo enorme quitarlos y ver la fotografía desde fuera.

En el libro reflexionas sobre el comportamiento humano y social, especialmente a la hora de resolver problemas, dejando claro que es difícil generar una solución que deje a todo el mundo satisfecho…

A nivel social actuamos de manera diferente que a nivel individual. Buscamos hacer lo correcto. Un ejemplo: cuando hay primarias para los partidos políticos, gana siempre la opción más radical porque votan las personas más alineadas con ese partido. Y esta opción es la menos adecuada para las elecciones generales. En este sentido, la Teoría de la Espiral del Silencio arroja luz a esta reflexión. Y es que, en ocasiones, las personas pueden llegar a ocultar sus opiniones cuando no son mayoritarias por el miedo a sentirse aisladas socialmente y por las posibles consecuencias que pueda tener. Aquí entra el juego de lo políticamente correcto. Además, la influencia del grupo se puede ver claramente en el experimento que llevó a cabo el escritor Martin Lindstrom creando una familia ideal, los Mongerson, que se infiltró en un barrio real. Su misión era influir en sus vecinos recomendando una serie de marcas comerciales y mediante presión social lograron que las opiniones de aquellas personas que vivían a su alrededor cambiasen para sentirse correspondidos socialmente.

También exploras la percepción (la nuestra y la de los demás) y cómo estos dos niveles producen conflictos…

Las percepciones están sesgadas por nuestros perjuicios y nuestra experiencia. Cada uno tiene su propia realidad. En este sentido, existen 3 reglas fundamentales. La primera hace referencia a las distintas realidades. En una reunión de 2 personas realmente hay 6: cómo se ve cada uno a sí mismo, cómo lo ve el otro, cómo es realmente. Y es que cada persona contiene 3 realidades: la suya, la de los demás y la real, es decir, la que se vería si nos estuvieran grabando en vídeo cada una de las actividades que llevamos a cabo en el día. La segunda regla fundamental hace hincapié en que nuestros recuerdos pesan más que el momento presente (el yo que recuerda, el yo que vive). Y la tercera habla de la tendencia de las personas a proyectar en los demás sus propios pensamientos, por lo que creemos que todos ellos van a reaccionar como nosotros lo haríamos ante determinadas situaciones. Pero lamentablemente no es así, por lo que dicha proyección mal entendida es fuente de muchos conflictos.

Cada persona contiene 3 realidades: la suya, la de los demás y la real, es decir, la que se vería si nos estuvieran grabando en vídeo cada una de las actividades que llevamos a cabo en el día.

Javier Otazu
Colaboras con varios medios de comunicación en los que hablas de temas de actualidad diversos, aunque siempre con un poso de Economía de la Conducta. En uno de tus últimos artículos Resaca, explicas que estamos programados para disfrutar del corto plazo…

Es difícil competir contra el bienestar a corto plazo. Por ejemplo, en EEUU las pensiones siempre han sido un problema. ¿Es mejor que el Estado le retenga directamente del salario de las personas un porcentaje para su pensión o que sean ellas las que ahorren? Es uno de los grandes debates no resueltos. Por un lado, está bien que sean los individuos los que decidan con qué ahorros van a contar para el futuro. Por otro lado, el sesgo del presente probablemente cause que reserven menos dinero de lo que deberían. En este sentido, son muchos los economistas de la conducta los que ven el corto plazo como el canto de las sirenas de Ulises y eso los lleva a buscar remedios agarrándose al mástil. Y sí, los políticos piensan sólo en las próximas elecciones. Todos lo dicen, nadie lo arregla.

¿Aprovechan las empresas e instituciones españolas las herramientas que ofrece la Economía de la Conducta o crees que todavía no es suficientemente conocida?

Las universidades son muy rígidas por lo que, a nivel divulgativo la Economía de la Conducta va calando, pero con dificultad. Sin embargo, a nivel de ventas, hay muchas más empresas de lo que parece utilizando esta disciplina. Al fin y al cabo, se trata de vender. Eso sí; todos estos factores hacen que, a nivel de la calle, todavía se conozca poco.

Eres uno de los impulsores de la Sociedad Científica de Economía de la Conducta (SOCEC) como secretario. ¿Por qué era necesario una sociedad científica así?

Una sociedad permite crear unas redes enormes. La Revista Científica (Behanomics) fomenta la investigación. Además, en octubre tendrá lugar el I Congreso Internacional de la Sociedad Científica de Economía de la Conducta.Tenemos un objetivo muy claro: generar y divulgar conocimiento relacionado con esta disciplina. Si una persona conoce las razones ocultas de sus comportamientos, decidirá mejor y todos saldremos ganando.

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