3 Sesgos cognitivos que pueden afectarte como inversor

Cass Sunstein y Richard Thaler explicaban, en el libro Nudge, que «incluso a los inversores más informados, a veces, les puede resultar intimidante la decisión de cómo invertir su dinero, y recurren a unas normas básicas y simples». Ponen como ejemplo, al economista financiero y Premio Nobel Harry Markowitz, uno de los creadores de la llamada Modern Portfolio Theory, quizá la teoría de inversión que cuenta con más aceptación en el mundo académico y entre muchos grandes fondos de inversión. En alguna de las muchas entrevistas que concedió, le preguntaron cómo había asignado su plan de jubilación y confesó que «debería haber calculado las covarianzas históricas de las clases de las clases de activos y establecido una frontera eficiente. Sin embargo repartí mis aportaciones al 50% entre bonos y obligaciones».

Incluso a los inversores más informados, a veces, les puede resultar intimidante la decisión de cómo invertir su dinero, y recurren a unas normas básicas y simples.

Cass Sunstein y Richard Thaler

En este sentido, la CNVM y el Consejo General de Psicología de España publican la Guía rápida: Principales sesgos del inversor. En ella subrayan como, a la hora de tomar decisiones sobre inversión, lo más importante es contar con la información adecuada sobre el producto financiero que deseamos contratar. También recomiendan tener en cuenta los mecanismos psicológicos que intervienen en estas decisiones y qué sesgos cognitivos pueden influir en ellas.

Los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky estudiaron cómo el cerebro recurre de forma inconsciente a dichos sesgos cognitivos o atajos mentales que contribuyen a simplificar la enorme cantidad de procesos mentales que se llevan a cabo constantemente. Eso sí, pueden llegar a entorpecer la toma de decisiones y provocar un comportamiento irracional o incorrecto ya que este tipo de procesos mentales se caracterizan por ser rápidos, automáticos e intuitivos.

Los sesgos cognitivos son atajos que emplea el cerebro cuando procesa información, pero puede llegar a entorpecer la toma de decisiones y provocar un comportamiento irracional o incorrecto.

Daniel Kahneman y Amos Tversky

Sesgo del exceso de confianza

Es la tendencia a sobreestimar los conocimientos y la experiencia personal, así como a considerar acertados los juicios subjetivos. Según este artículo de BBVA Asset Management, el exceso de confianza es especialmente peligroso en entornos alcistas ya que los inversores pueden tener cierta predisposición a pensar que tienen mejor capacidad que otros de hacer ‘stock picking’ (selección de valores) y detectar el momentum de mercado. También destacan que los errores más habituales están relacionados con:

  • La infravaloración de los riesgos
  • No diversificar
  • Realizar demasiadas operaciones. Y es que son varios los estudios que han determinado que aquellos inversores que llevan a cabo demasiadas operaciones tienden a obtener retornos significativamente inferiores a los de mercado.

En el artículo, subrayan que para evitar el exceso de confianza es importante recordar que incluso aquellos profesionales con acceso a información de calidad sobre los mercados, que trabajan con herramientas avanzadas de inversión y que, incluso poseen una visión más realista de sus capacidades y habilidades y, «se enfrentan a retos diarios para batir al mercado«.

Sesgo de confirmación

Es la predisposición a buscar, interpretar, y recordar, aquella información que confirma las propias creencias o hipótesis. Son muchos los inversores que evitan opiniones e informes críticos, centrando su atención en aquellos estudios que confirmen su punto de vista o sus ideas previas. De esta forma, corren el riesgo de no realizar una inversión acertada ya que pueden llegar a ser prisioneros de sus propias hipótesis.

Aversión miope al riesgo

Los psicólogos Shlomo Benartzi y Richard Thaler han escrito ríos de tinta sobre esta tendencia de los inversores a mostrar más aversión al riesgo cuando evalúan sus portfolios de acciones con mayor frecuencia. Explican que, al llevar a cabo estos exámenes continuos, observan las fluctuaciones a corto plazo en la bolsa de valores, que pueden llegar a ser esperadas pero que no afectan, en líneas generales, el retorno de la inversión a largo plazo. Benartzi y Thaler destacan que los inversores son más sensibles a las fluctuaciones negativas que a las positivas.

En definitiva, la teoría económica tradicional cree firmemente en la racionalidad de las personas, lo que significa que toman decisiones evaluando de forma meticulosa sus preferencias y limitaciones. La Economía del Comportamiento pone en cuestión estos supuestos ya que incluso inversores tan reputados como Harry Markowitz reconocen tomar decisiones importantes sin haber recopilado toda la información y bajo los efectos de los sesgos cognitivos.

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