¿Por qué tomamos ‘decisiones imperfectas’, incluso en plena pandemia?

Los gobiernos de todo el mundo han intentado poner freno a la pandemia por coronavirus cerrando negocios y colegios, limitando la circulación de las personas, confinando a la población y divulgando recomendaciones para evitar contagios. Pero hasta que la vacuna no logre la ansiada inmunidad sigue siendo necesario que el comportamiento de la población sea acorde a la situación que estamos viviendo.

En este sentido, el estudio Sesgos cognitivos en la comunicación y prevención de la covid-19 defiende la importancia que tienen las ciencias del comportamiento aplicadas a la gestión sanitaria de la pandemia. Sus autores resaltan “la necesidad de apelar a la motivación colectiva y a una percepción del riesgo acorde a las circunstancias”, además de llevar a cabo un análisis de los sesgos cognitivos que podrían explicar “la imperfecta toma de decisiones individuales de la población”.

Los sesgos cognitivos son atajos que emplea el cerebro cuando procesa información, pero puede llegar a entorpecer la toma de decisiones y provocar un comportamiento irracional o incorrecto.

Daniel Kahneman y Amos Tversky

¿Por qué no decidimos bien a pesar de la pandemia?

El trabajo subraya que las personas no siempre actúan de la forma más correcta frente al coronavirus y se apoya en las teorías de Tversky y Kahneman para explicar como determinados sesgos conductuales o heurísticos cognitivos puede llegar a interferir en nuestra racionalidad. Estos autores afirman que “los sesgos cognitivos son atajos que emplea el cerebro cuando procesa información, pero puede llegar a entorpecer la toma de decisiones y provocar un comportamiento irracional o incorrecto”.

Además, estamos expuestos a altas dosis de incertidumbre por lo que nuestro cerebro recurre aún más a estos sesgos para dar respuesta -de forma rápida e impulsiva- a las situaciones nuevas derivadas de la pandemia. De esta forma, conocer estos sesgos es importante porque nos permite responder con determinados mecanismos y promover conductas socialmente responsables. En el informe, se presentan los siguientes:

Aversión a la pérdida

Kahneman y Twersky explicaron preferimos evitar una pérdida que obtener una ganancia. En el contexto de pandemia, los autores de este informe destacan que el sentir de la población va encaminado a pensar más en aquello que pierden con la crisis sanitaria que en lo que están ganando con las medidas de prevención.

Efecto de arrastre

El sesgo anterior nos lleva hacia el bandwagon o efecto arrastre. Consiste en el que los individuos reproducen aquello que hace la mayoría de personas, con independencia de si es lo correcto o no. El ejemplo más claro en esta pandemia han sido los episodios en los que muchas personas acudían a los supermercados a adquirir más productos de los necesarios (recordemos las compras compulsivas de papel higiénico) por miedo a quedarse sin existencias y ante el comportamiento de pánico se producía el efecto arrastre.

Poco valor a las consecuencias del largo plazo

El ritmo frenético al que estamos sometidos produce que esperemos consecuencias y resultados de nuestras acciones a corto plazo. Por eso, “en el momento en que nuestro comportamiento implique una serie de consecuencias que no se verán hasta el largo plazo, la motivación de ejercerlos disminuye considerablemente”.

Autopercepción optimista

Consiste en la creencia de que es poco probable que nos sucedan cosas malas. “Las personas a menudo sobreestiman la probabilidad de eventos positivos y subestiman la probabilidad de que ocurran eventos negativos en el futuro”. De esta forma, este sesgo puede hacer que los individuos se sientan menos vulnerables que otros colectivos. Los autores señalan, como ejemplo, como al principio de la pandemia, se decía que el coronavirus afectaba especialmente a personas de edades avanzadas, por lo que los jóvenes y las personas de mediana edad no se sentían amenazados y podrían llegar a menospreciar las medidas de seguridad.

Sesgo de confirmación

“Es la tendencia a buscar e interpretar informaciones que confirman nuestras percepciones o creencias. Así, se le da más importancia a los argumentos que refuerzan nuestras ideas preconcebidas que a aquellos que las contradicen”. Este sesgo aparece con las noticias falsas o conspiranoicas sobre el origen del virus.

Sesgo de statu quo

El individuo no asume una situación de cambio y seguirá actuando de forma habitual. Los autores explican que este sesgo ha aparecido en respuesta a las medidas de control ejercidas por el Estado. También subrayan el peligro que puede conllevar para la salud pública si además se asocia esta actitud rebelde a un atractivo para los demás, como pueden ser los más jóvenes. Recomiendan apelar a los influencers y hablan de la utilidad que han tenido hashtags como #YoMeQuedoEnCasa motivando a los usuarios de las redes sociales a cumplir las recomendaciones sanitarias y creando un sentimiento de unidad.

Sesgo de la disponibilidad

Consiste en “sobrestimar aquella información que se nos presenta más disponible y accesible, considerando que aquello que nos viene a la mente es lo más común o importante”. Aplicado a la pandemia, el estudio describe dos escenarios:

Personas que tienen la percepción de que la mayoría de la sociedad se salta las normas debido a que sus conocidos lo hacen o a la exposición de este tipo de información en los medios de comunicación. Los autores subrayan que este tipo de casos es importante reforzar la idea de que la mayoría de los ciudadanos son responsables y cumplen las normas con el fin de evitar emociones negativas o que estas personas sientan que su aislamiento y responsabilidad son vulnerados por quienes no siguen las recomendaciones sanitarias.

Individuos que reciben constantemente información sobre conocidos y familiares que han enfermado y están en estado grave. Es probable que esta persona actúe desde el miedo y se sienta más vulnerable.

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